Los desafíos en torno al envejecimiento poblacional

Los desafíos en torno al envejecimiento poblacional


La semana del 27 de agosto se realizó en la Facultad de Derecho de la UBA un congreso mundial de apoyos y cuidados (personas mayores) en donde participaron diversos exponentes de todo el mundo para hablar sobre los desafíos de la sociedad en la que nos encontramos, atento que el mundo está avanzando hacia un envejecimiento poblacional cada vez más marcado. Se estima que para 2050 la cifra de personas mayores alcanzará los 2.100 millones a nivel mundial. Esto quiere decir que una de cada 50 personas tendrá más de 60 años, según estimaciones de la ONU.

En ese sentido, se vienen dando distintas charlas, congresos, discusiones y posicionando en agendas a nivel internacional el tema de los cuidados de las personas mayores. Además, existe resonando una nueva teoría sobre que el futuro del trabajo girará en torno a los cuidados, dado que son actividades que difícilmente pueden ser reemplazadas por máquinas. Sobre dicha circunstancia, el economista y autor canadiense Nick Srnicek, quien recientemente estuvo en la Argentina brindando una conferencia sobre su último libro “Después del Trabajo”, se expresaba en dichos términos. Hoy, ya no se piensa como hace unos años en el “fin del trabajo” por los avances tecnológicos, sino en la transformación del trabajo como lo conocemos habitualmente.

El trabajo de cuidados será en un futuro (no tan lejano) el principal proveedor de mano de obra, por lo que se vuelve necesario que los Estados vean y diseñen políticas en torno a los cuidados en general y a las personas mayores en particular. Mantener la salud de las personas mayores es una inversión en capital humano y social, y promueve los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. El envejecimiento demográfico, mencionado precedentemente, sumado al incremento de la esperanza de vida y la prevalencia de enfermedades crónico-degenerativas, tiene un impacto significativo en la sociedad. Esto se traduce en mayores costos en los servicios de salud y cambios en las responsabilidades de cuidado a lo largo de las generaciones.

Mientras en nuestro país vemos políticas de ajuste en términos salariales hacia dicha población y un Estado inactivo tanto a nivel nacional como de CABA. La Ciudad de Buenos Aires en la Argentina es la ciudad más envejecida a la fecha, donde cerca de un cuarto de su población se encuentra en la categoría de persona mayor (60 años). Dentro de ese grupo poblacional, tenemos que cada 100 mujeres hay 78 hombres, lo que nos lleva a decir que la vejez tiene cara de mujer (circunstancia que no es menor). Estas personas mayores habitan en CABA en hogares multipersonales (es decir, donde en general habita más de una familia), situación que se ve mayormente en las comunas del sur de la ciudad, donde el índice etario es menor. Es decir, además de tener cara de mujer, la pobreza hace que las condiciones de vida sean peores.

Si bien la Ciudad de Buenos Aires tiene diversos programas para esta población, los mismos no son integrales, desligándose de la responsabilidad que tiene el Estado y cargando sobre las familias la responsabilidad de asumir los cuidados de quienes así lo requieran. Dicha circunstancia dista de lo que las teorías feministas vienen elaborando en torno a los cuidados, considerando al mismo inserto en una organización social del cuidado, donde todos los actores de la sociedad (Estado, mercado, familias, organizaciones de la sociedad civil) deben participar, entendiendo al cuidado desde una perspectiva de género. Desde distintos grupos de la asociación civil se vienen pensando en modelos y herramientas de políticas públicas para pensar en ese futuro que no está tan lejano.

Recordemos que en nuestro país, si bien la edad jubilatoria se encuentra a los 60 años para las mujeres y 65 para los varones, a través de una reforma que se hizo de la ley de contrato de trabajo en el año 2018, recién los empleadores pueden intimar a retirarse a la persona (si es que no quiere jubilarse) a los 70 años. Ahora bien, dicha circunstancia en la praxis no sucede y se fuerza a las personas que alcanzan la edad a jubilarse por su voluntad. Esto demuestra que alargar la edad no es una solución, sino que debe venir acompañado de otra política pública. Porque una vez jubilada, esa persona, si bien en algunos casos tiene energía ya que a los 60 años uno/a aún se encuentra activo, difícilmente pueda conseguir otro empleo formal.

Ahí es entonces, donde el Estado (tanto nacional como de la Ciudad de Buenos Aires) debería tener algún nivel de acción en generar nexos, y no solamente en realizar cursos de capacitación para la inserción laboral de esta población (existen múltiples cursos en dicho sentido para esta población). Pero, ¿qué pasa con los cuidados, más allá de aquellos/as que aún cuentan con posibilidades de prestar algún tipo de tarea? Esos cuidados recaen en las familias. Hace unas semanas participamos desde el CEC en una jornada preparatoria para el congreso que mencionaba al inicio y allí, desde nuestra participación, planteábamos un poco esto. Pero nos sorprendió la respuesta donde los panelistas (organizado por el área de GCBA que se encarga de dichas temáticas) indicaron que son las familias quienes deben ocuparse. Es decir, desligando al Estado de la Ciudad y al nacional de la obligación de tener medidas y/o acciones al respecto tanto para las personas que requieren cuidados como para las personas que trabajan en los cuidados (mayoría mujeres de 40 años en adelante precarizadas y luego de la ley bases aún más, atento que se quitaron los agravamientos indemnizatorios por la falta de registro en el estatuto de casas particulares, instrumento que las regula hoy).

Desde las organizaciones de la sociedad civil y desde quienes vienen investigando la temática, no solo en Argentina sino en distintas partes de Latinoamérica, se pone la mirada en que, para poder avanzar, se requieren políticas conjuntas, donde no sean solo las familias quienes asuman, sino que los Estados, las organizaciones de la sociedad civil, la comunidad, las empresas y las familias tienen un rol fundamental. Esto lo oímos mucho en torno al cuidado de niños/as, pero en relación a las personas mayores es una temática de la que se empieza recién en los últimos 5 años a hablar y sobre la que el mundo empieza a tomar nota. Sin ir más lejos, recientemente China estableció un seguro básico de vejez que cubre a más de 1.000 millones de personas, entendiendo que el envejecimiento poblacional es un problema del hoy y también del futuro.

Entendemos al respecto que son muchos los desafíos que existen en torno a la temática y en nuestro país en particular nos preguntamos, ¿es necesario modificar la edad jubilatoria en torno a la mejor calidad de vida? ¿De qué manera? Es claro que hoy las políticas públicas no van en esa línea a nivel nacional y tampoco en la ciudad, pero tenemos la obligación desde la sociedad civil de seguir pensando diagramas y políticas públicas de mejora de dicha ciudadanía, para poder luego llevarlas a la práctica. En otros países de Latinoamérica se ha ido avanzando en algunas ideas o proyectos, pero en general nuestros Estados tienen la problemática de que los cambios de gobierno hacen que sea un péndulo difícil de mantener. Por eso, creemos desde el CEC que la primera acción para poder avanzar es que como sociedad tomemos la bandera y lo coloquemos en agenda, organicemos debates, foros y charlas como nuestra mejor manera de contribuir.