¿Quién se tiene que preocupar por nuestra basura?

¿Quién se tiene que preocupar por nuestra basura?


Solemos pensar la gestión de residuos como un servicio público que debe brindar la municipalidad y por lo tanto, se financia a partir de impuestos que paga toda la comunidad. La recolección de la basura domiciliaria y su posterior tratamiento, son parte de la infraestructura crítica de las ciudades y su gestión adecuada es necesaria para evitar enfermedades y la contaminación del medioambiente. El peligro ecológico se debe, por ejemplo, a la emisión de contaminantes en incineradoras y basurales y también a la circulación de plásticos en bosques y océanos. De especial importancia son los materiales peligrosos que se generan en la industria y en hospitales, porque el tratamiento de los residuos químicos o radioactivos requiere medidas de cuidado muy estrictas, y en muchos casos no está resuelto qué va a suceder en el largo plazo con los depósitos de estos materiales.

La dimensión ecológica de la gestión de residuos se refleja de manera muy débil cuando nos limitamos a pensar en la recolección de basura como servicio público. Para afrontar su gestión se recaudan impuestos hacia los generadores de la basura. En la ciudad de Buenos Aires esto sucede a través de la tasa de alumbrado, barrido y limpieza. Por lo tanto, el financiamiento de esta tarea está principalmente a cargo de los hogares y otros contribuyentes de la ciudad. Sin embargo, un rol importante lo juegan los grandes generadores de desechos, como son los supermercados, hoteles y centros comerciales. Estos tienen una responsabilidad particular por el volumen de la basura que generan. Tenemos que reconsiderar su participación en el financiamiento de la gestión de residuos a través de impuestos o cuotas en función de los envases. Todo impuesto tiene por lo menos dos efectos: La recaudación de fondos para el presupuesto y también la influencia sobre el comportamiento de quienes lo deben pagar. Por lo tanto, un impuesto relacionado a la basura debe diseñarse de manera tal que incentive a la población a reducir la generación de residuos y lograr un tratamiento mas eficiente desde aspectos ecológicos. En el caso de la tasa de ABL, como depende solamente del valor inmobiliario de las propiedades, no hay en ella ningún incentivo económico para reducir el volumen de basura generada, y tampoco lo hay para reutilizar envases o separar materiales. Los grandes generadores y los comerciantes que envasan productos transables, no tienen ningún incentivo adicional a minimizar el uso de materiales.

De todas formas, el análisis ecológico tiene que ir más profundo. A la hora de discutir el peligro para el medio ambiente, solemos señalar primero a los hogares como consumidores de bienes: Reduzcan, reutilicen y reciclen. Así, la separación de residuos secos y sólidos debe garantizar el reciclaje de los materiales y atenuar un poco la contaminación ambiental. También los grandes generadores como las empresas, supermercados y otras instituciones privadas deben preocuparse por un destino sustentable para su basura, colaborando por ejemplo con las cooperativas de recuperadores urbanos para la recolección de sus residuos. Sin embargo, la consigna está muy limitada. El tratamiento físico de los residuos sólidos y secos depende fundamentalmente de las propiedades materiales de los productos y sus envases: Para reciclar exitosamente materiales como los plásticos, es necesario identificar correctamente el tipo de cada material. Hay ciertas mezclas de plástico dentro del tipo 7, que no pueden ser tratados para recuperar el material. Además, es muy común el uso de uniones de papel, plástico y aluminio en los envases que también impiden el reciclaje de los materiales, porque se dificulta la separación de las componentes. Por lo tanto, debemos centrar la atención en otro agente.

La responsabilidad de la industria en la gestión de residuos

Las empresas productoras de bienes transables determinan aspectos críticos de la gestión de residuos a través del diseño del producto y del envase. La vida útil de la ropa y de los dispositivos electrónicos, el volumen total de envases cuando un producto está envuelto múltiples veces, y las propiedades materiales de los envases condicionan la posibilidad de reducir la basura generada, reutilizar y recuperar materiales a través del reciclaje. Sin embargo, estos efectos de largo plazo de las decisiones empresariales, quedan a fuera de su estructura de costos. Los recursos gastados en el diseño de envases se destinan principalmente a estrategias publicitarias para generar y alentar el consumo, no para garantizar que la gestión posterior de los residuos sea exitosa en aspectos ecológicos. El enfoque para corregir esto puede ser lo que en la teoría microeconómica se denomina la “internalización de efectos externos”: Las empresas deben incorporar el costo que generan para la comunidad y para el medio ambiente en sus decisiones a través de una cuota o un impuesto. Pero también es necesario considerar en términos más generales una legislación estricta para las propiedades materiales de los envases.

Un Impuesto al volumen general de envases es necesario para reducir los incentivos a envolver innecesariamente el mismo producto en varias capas. Esto sucede, por ejemplo, cuando tenemos un paquete de galletitas que está en una bandeja envuelta en un folio que a su vez está en una bolsa más grande. Este tipo de impuestos es una herramienta que busca reducir el volumen general de los residuos, ya que se usarían menos envases para la misma cantidad de productos.

Generación de un sistema de envases estandarizados: Algunos envases como las botellas para las bebidas pueden ser reutilizadas. Un sistema de retornos incentiva a los consumidores a devolver las botellas y luego las empresas que producen bebidas las embotellan en los mismos recipientes. Pero esta idea no funciona, por ejemplo, cuando cada marca tiene diseños muy individuales con una forma propia o con el nombre grabado en la botella. Además, dependiendo del material, la reutilización de los envases puede requerir mucha energía. El uso de botellas de vidrio puede ser repetido con una mayor frecuencia que una botella de plástico, pero por el peso del vidrio se requiere más energía en el transporte de las bebidas. Estos problemas se pueden atender a través del uso de envases estandarizados: Se utilizarían botellas devueltas en la misma región de los productores, aún cuando originalmente provenían de otra zona y así se reducen ciertos caminos de transporte. De todas formas, tal sistema solo puede tener éxito si los grandes productores de bebidas participan y usan recipientes estandarizados.

Regulación del uso de materiales en los envases: Para recuperar los materiales originales del envase es necesario evitar uniones innecesarias de plásticos con papeles y aluminio para separarlos. También hay que prohibir la utilización de ciertas mezclas de plásticos del tipo 7 que no son reciclables y pueden ser contaminantes. Para que los hogares y los grandes generadores puedan separar bien la basura, necesitan transparencia para saber de qué material está hecha cada parte. Tiene que ser fácil identificar y separar las componentes, para que el proceso de reciclaje pueda ser exitoso. Además, en la actualidad, una parte importante del reciclaje en Buenos Aires la realizan las cooperativas de recuperadores urbanos. Trabajan en condiciones peligrosas y con muchos riesgos para su salud. El diseño de los envases y los productos también tiene que facilitar una separación segura de los materiales que evite riesgos innecesarios para la salud de los recuperadores.

Si bien se legislaron en el año 2005 varios aspectos importantes en la ley 1854 de basura cero, el incumplimiento sistemático de la ley y el agotamiento de los rellenos sanitarios llevó a su modificación en 2018 para habilitar de nuevo la incineración de basura. No podemos aceptar promesas de soluciones fáciles como la incineración ecológica. Es necesario volver a pensar la reducción global de la basura generada, la reutilización de envases y la recuperación de los materiales originales. La generación de la basura no comienza recién en el consumo, y el éxito de las actividades de reciclaje depende de manera crítica de los primeros pasos en la cadena de producción de los envases. Cuando pensamos la gestión de residuos, es fundamental señalar la responsabilidad de los grandes generadores y de la industria para que el proceso pueda ser exitoso en aspectos ecológicos. Estos deben participar más en el financiamiento del servicio público y tienen que adecuar el diseño de los envases a la posibilidad de recuperar los materiales originales.