
Inteligencia artificial, datos y soberanía: una agenda urgente para la democracia
La Inteligencia Artificial (IA) se ha integrado de forma silenciosa pero profunda en la vida cotidiana. Desde herramientas utilizadas para la toma de decisiones de empresas, gobiernos y organizaciones, hasta los sistemas que moldean tus preferencias, consumos y comportamientos, los algoritmos operan hoy como una infraestructura invisible que organiza la vida social.
En este contexto, los ciudadanos y ciudadanas nos hemos transformado en consumidores permanentes, pero también en trabajadores involuntarios al servicio de plataformas globales o en siervos que al usar el capital de las nubes generamos sin renta sin siquiera saberlo como indica la tesis de tecnofeudalismo (Varoufakis y Durand). Nuestros datos (generados con cada interacción digital) alimentan modelos de negocios que concentran poder en un reducido conjunto de corporaciones tecnológicas.
Como señalan Helen Hester y Nick Srnicek en su libro “Después del trabajo”: la economía digital se sustenta en la extracción y el control de datos, que se convierten en una nueva forma de activo estratégico y fuente de poder. Este proceso no sólo redefine la producción, sino también el uso del tiempo: la automatización y la digitalización reducen ciertos empleos tradicionales, al tiempo que trasladan tareas a las personas, erosionando así el tiempo libre y el ocio. En línea con este diagnóstico, Byung- Chul Han advierte en “La sociedad del cansancio” que el sujeto contemporáneo es llevado a una lógica de auto explotación permanente, donde la aparente libertad se traduce en una presión constante por rendir y producir, incluso fuera del ámbito laboral. Así, la expansión de dinámicas digitales no solo intensifica la extracción de valor económico, sino que también profundiza formas de agotamiento subjetivo, configurando una sociedad donde el descanso y la desconexión se vuelven cada vez más escasos. A su vez, estas plataformas despliegan un capitalismo de vigilancia que impide una verdadera pausa. Las personas permanecen constantemente expuestas a un panóptico digital, en el sentido focaultiano, que habilita formas continuas de control y monitoreo. De este modo, los dueños de las plataformas y los algoritmos concentran un poder significativo sobre la conducta y la experiencia de los individuos.
Este fenómeno no puede ser abordado únicamente como una cuestión tecnológica. Se trata, fundamentalmente, de un problema político, económico y social. La creciente concentración de recursos en manos de grandes empresas tecnológicas, que en muchos casos superan la capacidad económica de los Estados Nación, como es el caso de Elon Musk cuya fortuna ronda el billón de dólares ($1.000.000 millones), concentrando más riqueza que 3.800 millones de personas (Según datos de Oxfam 2026). Dicha circunstancia plantea un desafío directo a las bases de la democracia tal como la conocíamos.
En este nuevo escenario, los territorios en disputa ya o son solamente geográficos. Hoy, la soberanía también se juega en el plano de los datos, los algoritmos, la infraestructura digital la capacidad de generar conocimiento, y de pensar. La capacidad de recolectar, procesar y utilizar información se ha convertido en un recurso estratégico.
En este sentido, la encíclica Magnifica Humanitas publicada el 25 de mayo de 2026 por León XIV advierte que los sistemas algorítmicos no son herramientas neutrales, sino que modelan relaciones sociales, condicionan decisiones y pueden erosionar el bien común si no están sujetos a principios éticos y regulatorios claros. Asimismo, subraya que cuando la técnica supera a la política, las instituciones corren el riesgo de volverse meramente espectadoras de procesos que afectan profundamente la dignidad humana y la justicia social. La advertencia no es nueva, ya el papa Francisco se había pronunciado sobre el paradigma tecnocrático y la necesidad de advertir sobre dicho terrorismo digital donde los datos pasan a ser un valor en sí mismo.
Frente a este escenario, resulta central afirmar que la tecnología no debe avanzar por delante de los pueblos. Por el contrario, es responsabilidad de los Estados regular, orientar y gobernar estos procesos para evitar el debilitamiento de un principio fundamental de toda democracia: que ciudadano libres, informados y críticos puedan elegir a sus gobernantes sin condicionamientos derivados de sistemas de segmentación algorítmica.
La discusión, entonces, es sobre quién desarrolla la tecnología, pero también sobre quién tiene la capacidad de comprenderla, regularla y decidir como integrarla a la sociedad.
Para países como Argentina, este debate adquiere una relevancia estratégica. No se trata sólo de adoptar tecnologías, sino de desarrollar capacidades propias, fortalecer el sistema científico-tecnológico y diseñar políticas públicas que permitan participar activamente en la transformación digital.
En este marco, el acceso masivo a datos permite a las grandes corporaciones globales construir modelos predictivos capaces de anticipar comportamientos y tomar decisiones con impacto directo sobre millones de personas. Ejemplo de ello son los denominados “gemelos digitales”, desarrollados por empresas como Palantir, que replican dinámicas sociales para simular escenarios y orientar políticas.
Estos avances abren interrogantes fundamentales: ¿Quién controla esos datos? ¿Con qué criterios se utilizan? ¿Qué mecanismos de transparencia y rendición de cuentas existen? ¿Qué límites supone para la democracia?
Desde nuestra asociación civil hemos impulsado un pedido de acceso a la información pública a partir del anuncio del gobierno nacional sobre la posible implementación de estos sistemas al ámbito estatal. En dicho marco, solicitamos precisiones sobre aspectos clave: ¿Quiénes son los proveedores involucrados? ¿Cuál será el proceso de adjudicación? ¿Cuál es el alcance de dicho proyecto? ¿Qué mecanismos de control que se prevén? Y especialmente, ¿Cómo se garantizará la protección de los datos personales y sensibles de la población?
La inteligencia artificial promete avances significativos, pero también exige un debate profundo sobre sus límites, sus reglas y sus impactos. Hablar de IA es, en definitiva, hablar de poder: quién lo ejerce, sobre qué bases y con qué consecuencias.
En este contexto, consideramos imprescindible abrir espacios de reflexión colectiva que permitan pensar los nuevos territorios de soberanía en disputa ¿Quién controla la información? ¿Cómo se regulan los actores globales? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden en este nuevo orden? ¿Qué implicancias tiene todo esto para nuestras democracias?
Con estas preguntas como punto de partida, el Centro de Estudios Ciencia y Pensamiento de la UNSAM junto con el Centro de Estudios para la Ciudad, organizan la charla denominada “Inteligencia Artificial: los nuevos terrenos de la soberanía” que se desarrollará el próximo jueves 25 de junio a las 18 horas en el Bar La Paz Arriba ubicado en Av. Callao 1082, CABA
El encuentro contará con la participación de Delfina Rossi, Hernán Borisonik, Irina Siernik y Valeria Di Croce, con la moderación de Celina Craviolatti. La propuesta busca abordar la inteligencia artificial no solo como una herramienta del futuro, sino como un campo central donde ya se están definiendo las relaciones de poder del presente.